¿Estudiar mucho o estudiar bien?
Muchos padres piensan que para que su hijo saque mejores notas tiene que estudiar más horas. Pero la realidad es otra. Lo importante no es pasar toda la tarde delante de los libros, sino conseguir que estudiar forme parte de su rutina.
Cuando un niño o un adolescente no tiene un hábito de estudio, cada tarde empieza igual: hay que recordarle que se siente, se distrae con cualquier cosa y todo termina convirtiéndose en una discusión. Al final estudia con prisas, se agobia y siente que nunca llega.
Empieza por un horario fijo
Nuestro cerebro funciona mejor cuando sabe qué esperar.
Si cada día se estudia a una hora distinta, cuesta mucho más empezar. En cambio, cuando el horario es siempre parecido, llega un momento en el que sentarse a estudiar deja de ser una pelea y se convierte en algo automático.
No hace falta estudiar tres horas seguidas. En muchos casos, una hora bien aprovechada vale mucho más que toda una tarde llena de interrupciones.
Un lugar tranquilo marca la diferencia
Parece una tontería, pero influye mucho.
La televisión de fondo, el móvil encima de la mesa o estar entrando y saliendo de la habitación hacen que la concentración desaparezca.
Lo ideal es buscar un espacio tranquilo, con buena luz y donde tenga todo el material preparado antes de empezar. Así evita levantarse cada cinco minutos y mantiene mejor la atención.
Objetivos pequeños, resultados grandes
Cuando un alumno mira un tema entero para estudiar puede pensar que es imposible.
En cambio, si el objetivo es mucho más concreto, la sensación cambia por completo.
Por ejemplo:
- Hacer cinco problemas de matemáticas.
- Estudiar un apartado de ciencias.
- Repasar el vocabulario de inglés durante quince minutos.
Cuando termina una tarea, siente que avanza. Esa sensación de progreso es la que ayuda a mantener el hábito.
Los descansos también son importantes
Nadie mantiene la concentración durante horas.
Después de un tiempo de estudio conviene hacer una pequeña pausa para despejar la cabeza. Levantarse, beber agua o caminar unos minutos ayuda mucho más que seguir sentado sin prestar atención.
Estudiar no consiste en estar muchas horas delante del libro. Consiste en aprovechar el tiempo que realmente se está concentrado.
No esperes al día antes del examen
Este es probablemente el error que más vemos.
Muchos alumnos solo abren los apuntes cuando el examen está muy cerca. Entonces llegan los nervios, las prisas y la sensación de que no da tiempo a todo.
Cuando existe un hábito de estudio, cada día se repasa un poco. Así, cuando llega el examen, la mayor parte del trabajo ya está hecha.
¿Y si le cuesta empezar?
Hay alumnos que no necesitan estudiar más. Lo que necesitan es aprender cómo hacerlo.
En Aula Global vemos cada día niños y adolescentes que llegan pensando que no sirven para una asignatura. Pero, en realidad, nadie les ha enseñado a organizarse, a estudiar con método o a entender los contenidos paso a paso.
Cuando aprenden una forma de estudiar que funciona para ellos, todo cambia. Empiezan a confiar más en sí mismos, los exámenes dejan de ser un motivo de ansiedad y las notas mejoran como consecuencia del trabajo bien hecho.
Crear un hábito lleva tiempo, pero merece la pena
El cambio no ocurre de un día para otro.
Lo importante es empezar con pequeños pasos, mantener una rutina y acompañar al alumno durante el proceso. Poco a poco, estudiar deja de ser una obligación constante para convertirse en algo natural.
En Aula Global ayudamos a alumnos de Primaria, ESO y Bachillerato a adquirir ese hábito de estudio. No solo resolvemos dudas de matemáticas, inglés o lengua. También les enseñamos a organizarse, a estudiar de forma más eficaz y a afrontar los exámenes con más tranquilidad.
Porque cuando un alumno sabe cómo estudiar, aprende mejor. Y ese aprendizaje le acompañará mucho más allá del próximo examen.





